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Pastor Ivan Tapia
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LA ORACIÓN DE JONÁS.

"Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez, y dijo: Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó; Desde el seno del Seol clamé, Y mi voz oíste.

Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí. Entonces dije: Desechado soy de delante de tus ojos; Mas aún veré tu santo templo, Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, ih Jehová Dios mío.

Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová. Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo. Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan. Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra" (Jonás 2:1-10).

Todos conocemos la historia de este hombre, un relato que a muchos parece inocente e increíble. Mas no es tan así, sino que por el contrario, semejante a la condición de muchos hombres y mujeres de hoy: Jonás huía de Dios. Habiéndole mandado el Señor que profetizase en contra de Nínive, procuró evadir este mandato embarcándose en Joppe para Tarsis, con el objeto de arrancar tan lejos como le fuera posible, en la dirección opuesta. Pero, siendo alcanzado por una tempestad, a petición suya lo arrojaron al mar. Fue tragado por un pez de gran tamaño y se salvó milagrosamente.

El capítulo 2 de este profeta menor, transcribe la oración inspirada de alguien desesperado. Dice Jonás "Invoqué en mi angustia a Jehová, y él me oyó". El siente que está muerto "Desde el seno del Seol clamé". El todopoderoso Dios lo ha escuchado pero le arrojó a un océano tempestuoso. ¿Se ha encontrado usted en una circunstancia similar? No necesariamente en una borrasca en medio del mar, pero sí con una angustia tal que ha llegado a sentir lo mismo que Jonás "Me echaste a lo profundo, en medio de los mares, Y me rodeó la corriente; Todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí". Tal vez usted hoy mismo se siente así "Desechado soy de delante de tus ojos".

La única luz de esperanza que Jonás vio ante sí fue la de encontrarse con su Dios en la eternidad "Mas aún veré tu santo templo". Dios permite a veces, por nuestra desobediencia, por nuestra falta de habilidades para vivir la fe, para darnos mayor madurez, para que crezcamos en espiritualidad y confianza en su sabiduría; estas tempestades.

Cuando surgen los problemas con los hijos, fallecimientos repentinos de seres muy queridos, los divorcios, los fracasos económicos, las enfermedades terminales, una discapacidad, en fin todo aquello que produce un vuelco inesperado a nuestras vidas; estamos en la situación de Jonás y podemos decir, como él, "Las aguas me rodearon hasta el alma, Rodeóme el abismo; El alga se enredó a mi cabeza. Descendí a los cimientos de los montes; La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre".

Todos los cristianos hemos pasado o es muy probable que alguna vez experimentemos esto que algunos llaman "situasión límite". Pero escuche, querido samaritano y amigo, el final de la oración y el feliz desenlace del relato: "Mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío. Cuando mi alma desfallecía en mí, me acordé de Jehová. Y mi oración llegó hasta ti en tu santo templo". Él, sólo el Señor, no usted a sí mismo por sus capacidades, ni un experto psicólogo o psiquiatra; sólo Él, el Señor de la Vida, puede levantarle de esa condición anímica, espiritual, psicológica y concretamente dar una salida a su problema.

La solución quizás no será volver atrás. Los muertos, muertos están; hay enfermedades irreversibles e incurables; cuando el amor en una pareja ha sido destruído ya es muy difícil restaurarlo; adquirida una discapacidad sólo un milagro puede quitarla... Pero sí podrá recuperar algo que es más importante que todo lo dicho, su confianza, su fe en Dios; esa fe que jamás debió haber abandonado y sin embargo lo hizo, porque no estaba espiritualmente preparado para las batallas de la vida cristiana. Muchos cristianos han pensado que por el hecho de ser convertidos tienen una protección especial para alejar de sí cualquier desgracia y se descuidan.

Y cuando llega la prueba no están preparados (Santiago 1:2-4). Mas aún, no consideran la intervención divina en esas circunstancias. ¿Sabía usted que es una bienaventuranza ser tratado por Dios? Lea al sabio de Job en 5:17 y se sorprenderá. Más todavía con el versículo siguiente. Estos graves dolores de la vida son parte de la disciplina que Dios nos da como a hijos, según Hebreos 12:3-11, un trato que no es muy agradable al momento de recibirlo, pero que hace de nosotros mejores cristianos. Medite usted en ese "fruto apacible de justicia" del que habla el autor de Hebreos. Jonás era terco, desobediente a Dios -siendo un profeta suyo- y tenía la vana ilusión de que podía arrancar de Jehová. El buen Dios le mostró su poder.

Esto me recuerda una frase que una vez leí en un poster "Muchas veces el hombre encuentra su destino en el camino que había tomado para evitarlo". Es lo que sucede a muchos cristianos que están huyendo del llamado de Dios. Nadie puede arrancar de su presencia pues Él es Omnipotente (que todo lo puede), Omnipresente (que está en todo lugar) y Omnisapiente (que todo lo sabe); una verdad básica del catecismo cristiano.

¿Está usted haciendo oidos sordos a su llamado al ministerio? ¿o a esa determinación que Él le indica para su vida? ¿un noviazgo que no se define en matrimonio? ¿una vocación que no opta por ser profesión? ¿tiene usted miedo de hacer lo que Dios manda? Recuerde que si Él le ha llamado para hacer o ser, le dará todas las herramientas que le pernitan resolver el problema o enfrentar el desafío. No tiene sentido contender con Dios o arrancar de Él, pues Él le alcanzará y será victorioso en su vida. Si no es hoy será mañana. Como oró Jonás "Los que siguen vanidades ilusorias, Su misericordia abandonan.

Mas yo con voz de alabanza te ofreceré sacrificios; Pagaré lo que prometí. La salvación es de Jehová." Alabemos al Dios Todopoderoso y rindámonos a su voluntad, aprendamos de la experiencia de Jonás y si estamos en el vientre del pez, roguemos para ser arrojados en la playa de Su Voluntad. El Señor nos ayude.

Pastor Iván Tapia

 
 
 
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