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Pastor Ivan Tapia
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MALAQUÍAS

"¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres? Prevaricó Judá, y en Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con la hija de dios extraño.

Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos" Malaquías 2:10-12. El nombre de Malaquías significa "mi mensajero".

Aún hoy nos sigue hablando Dios a través de las palabras inspiradas de este siervo. Algunos creen que Malaquías es simplemente el nombre del libro del Antiguo Testamento escrito por Esdras, pero la mayoría de las demás fuentes afirma que es el último de los profetas. Sus mensajes fueron claros y tajantes, de aliento para el desanimado pueblo de Israel y por consecuencia, para los cristianos de hoy, el Israel espiritual de Dios.

Poco se sabe de él, excepto que fue un profeta que predicó y escribió. Malaquías fue el último de los profetas del Antiguo Testamento. Por tanto constituye un verdadero eslabon entre los dos testamentos. El vivió la época posterior a la reedificación del templo y a la restauración de la adoración, pero vio al pueblo volviéndose de nuevo a su vieja vida de pecado. ¿Acaso no vivimos hoy día una época semejante, de decadencia moral y alejamiento de Dios? Además de reprenderlos por su condición espiritual, predijo también la venida del Mesías.

¿No está acaso a las puertas el regreso de nuestro Señor? Escuchemos, pues, con detención el mensaje que Malaquías -es decir el Espíritu de Dios en él- tiene para nosotros esta mañana. "¿No tenemos todos un mismo padre? ¿No nos ha creado un mismo Dios? ¿Por qué, pues, nos portamos deslealmente el uno contra el otro, profanando el pacto de nuestros padres?" A todos, cualquiera sea nuestra raza, religión o sexo, nos ha creado el mismo Padre de todos. Sin embargo nos perseguimos y despreciamos por causa del color de nuestra piel, formas de pensar e interpretar la vida y nos dividimos en partidos políticos, religiones y sectas, haciéndonos enemigos el hermano contra el hermano.

La palabra secta, deriva de sectus, que significa separación. Sí, como dice Malaquías, hemos "profanando el pacto de nuestros padres". Antiguamente se formó nuestra patria independiente como una sola nación; antiguamente nuestra fe cristiana fue propagada en todo occidente y hasta el oriente lejano, a costa de la sangre de los mártires; antiguamente los seres humanos se unieron en su debilidad para defenderse de las sombras de la noche y las fieras; antiguamente hombre y mujer se amaron... sin embargo hoy reina la desunión, la desconfianza, el rencor. Nuestro Padre no puede estar agradado con esta conducta.

"Prevaricó Judá" acusa el profeta, esto es que desobedeció al mandato de Dios, de mantenerse sin contaminación, fiel a los principios de amor y unidad. En "Israel y en Jerusalén se ha cometido abominación; porque Judá ha profanado el santuario de Jehová que él amó, y se casó con la hija de dios extraño". Hoy ya no se trata de conservar la pureza de una raza. Eso era un símbolo de la pureza que el cristiano y todo hombre y mujer de bien, deben conservar frente a Dios, una pureza de ideales. Malaquías acusa a los judíos que se han casado con una mujer idólatra; en este sentido "hija de un dios extranjero".

Otros rompían su alianza matrimonial para casarse con mujeres paganas. El profeta es severo, como corresponde a un buen profeta del Antiguo Pacto, y amenaza: "Jehová cortará de las tiendas de Jacob al hombre que hiciere esto, al que vela y al que responde, y al que ofrece ofrenda a Jehová de los ejércitos". Si nosotros ofrendamos a Dios, si entregamos de labios nuestra alabanza a Él pero no andamos en nuestra vida de acuerdo a su precepto de amor al prójimo y aún al considerado enemigo, es probable que seamos apartados de la bendición de su presencia. No que Él nos vaya a separar sino que nuestra misma conducta antivalórica, anticristiana, anti-amor, nos alejará de Él que es substancialmente Amor.

El reproche en esos tiempos era el que un judío tuviese un matrimonio mixto o un divorcio. El reproche de Dios hoy para nosotros va más allá, apunta a lo espiritual y es que profesamos una doctrina de amor pero no la vivimos, como los fariseos estamos muy preocupados de la doctrina, pero no tendemos la mano al necesitado. Adulteramos espiritualmente y no somos coherentes con la creencia. Por eso Jesús nos presenta la Parábola del Buen Samaritano, para mostrarnos que uno que nosotros podemos considerar pagano, sectario o de falsa doctrina -como lo eran los del pueblo de Samaria- puede comportarse con más caridad que uno que dice tener la Verdad.

Qué el Señor nos ayude a comprender el dicho oriental que "más vale una acción que cien mil palabras", o ese refrán popular "obras son amores y no buenas razones" y para nosotros, los samaritanos de hoy: "la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma" (Santiago 2:17). Sólo una cosa nos queda: arrepentirnos, o sea cambiar la actitud de nuestro corazón y comenzar a hacer lo que hemos aprendido y predicado. Como dijo el Maestro: "todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos , ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego.

Así que, por sus frutos los conoceréis. (San Mateo 7:17-20). Los cristianos pertenecemos a una larga genealogía espiritual, que comienza en Jesucristo y sus apóstoles. Ha llegado la fe hasta nuestros días, transmitida con palabras y hechos por hombres y mujeres de fe, muchas veces a costa de sus vidas. No podemos desperdiciar tan precioso mensaje. Te invito amigo, amiga, hermana y hermano samaritano, a vivir hoy tu fe en los pequeños actos de servicio. De ese modo estarás guardando "el pacto de nuestros padres" espirituales con Dios.

Pastor Iván Tapia

 
 
 
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