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Pastor Ivan Tapia
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SIRVAMOS EN ESPÍRITU.

"Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro. Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo. Porque nosotros somos la circuncisión, los que en espíritu servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús, no teniendo confianza en la carne" Filipenses 3:1-3.

La primera iglesia, la del tiempo de los apóstoles, no estuvo exenta de problemas internos. La Iglesia, como toda comunidad humana, debe enfrentar diversas dificultades para fortalecerse y crecer. Uno de los ataques internos fue el de los "judaizantes". El cristianismo emergió del pueblo judío y en un comienzo estuvo el movimiento cristiano constituído casi sólo por miembros judíos. Éstos conservaban muchas de sus tradiciones, pero puesta su fe en Jesús, el Mesías que esperaron por siglos.

Cristo les trajo la liberación del pecado, la liberación del gobierno de las tinieblas, la liberación de la ley que les acusaba. San Pablo proclama con fervor esta verdad: "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas. Y que por la ley ninguno se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivirá; y la ley no es de fe, sino que dice: El que hiciere estas cosas vivirá por ellas.

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)" (Gálatas 3:10-13). El apóstol enseña el Evangelio de la Gracia de Dios en Cristo a todo el mundo, a judíos y gentiles, no imponiendo las cargas de la ley sino tan sólo el amor de los unos por los otros. Sin embargo, surgen entre los cristianos judíos, ciertos líderes a los cuales él trata duramente como gente despreciable, que hace lo malo y que son mutiladores del cuerpo.

Tales obreros obligaban a los nuevos convertidos a circuncidarse, o sea realizar el acto de cortarse el prepucio, al modo tradicional hebreo, como señal de su conversión y pertenencia a Jehová. Son personas que confían más en las ceremonias, los ritos, los actos externos, que en el verdadero cambio operado al interior del corazón. Tal religión no es la cristiana. Desde el punto de vista bíblico hay tres tipos de personas en el mundo: el hombre o mujer natural, el carnal y el espiritual. El hombre natural es el que vive en el mundo sin fe y obra de acuerdo a su propio pensamiento o manera de sentir.

El espiritual es el que ha nacido de nuevo interiormente y obra guíado por el Espíritu Santo de Dios. El carnal es aquel que conociendo a Jesucristo y el modo bueno de vivir, es movido por las pasiones de su vieja naturaleza humana. Quienes impulsaban a los cristianos al cumplimiento de ritos externos eran hombres carnales, que juzgaban por las apariencias y desconocían el verdadero poder transformador del Evangelio. Siempre ha habido luchas al interior de la Iglesia, como Jesús lo dejó ver proféticamente en la Parábola del trigo y la cizaña.

Siempre habrá personas que valoren más las ropas que las almas, más los templos y edificios que el desarrollo de las virtudes cristianas, más los lindos discursos que los gestos de caridad, más los títulos y cargos eclesiales que la experiencia y la sabiduría, más los ritos y ceremoniales que una sencilla oración o una alabanza inspirada, más una gruesa cuenta en el banco que una ayuda al discapacitado, más la publicidad de lo que se hace que un cambio personal de actitud, más el escaparate que la misión silenciosa.

Esto es aborrecible a Dios, hiede como un cadáver, pudre y contamina el testimonio de los cristianos en la sociedad. Recuerde: nuestra confianza sólo está en Cristo Jesús y, si vivimos de acuerdo al Espíritu, nunca más servimos según la carne.

Pastor Iván Tapia

 
 
 
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